viernes, 30 de diciembre de 2016

Yo también me harto de ser idiota



Me he hartado muchas veces, en realidad. A veces me he mantenido en el hartazgo pero otras veces se me ha pasado y he dejado atrás esa cosa fea de estar a la defensiva con cierta gente.

Por ejemplo, hace unos años escribí aquí sobre el limeñista David Pino y la sombrosa habilidad que tuvo (y no sé si aún tiene) de desaparecer sin despeinarse unas contribuciones para actividades relacionadas a la concientización de la población a favor del patrimonio histórico de Lima. Ha pasado el tiempo y ya no estoy enojado con él, en serio, y no porque haya rendido cuenta de las donaciones recibidas. Simplemente pasa que ya uno no puede cargar con ese muerto indefinidamente. Me basta y sobra con no ser más su amigo. Quién sabe si, al verlo, hasta le daría la mano, no en señal de aprobación sino de cordialidad civilizada. No sé. Basta de odios, dicen los fujimoristas.

Eso sí, aun me harta, me revienta, me consume de bronca, que alguien pique plata. Yo he donado dinero y regalado plata cuando he visto la necesidad y ha estado en mi posibilidad. Pero no aguanto el floro, el cuento, el embuste, para que me saquen unos centavos. O a veces más que eso, incluso siendo familia.

Esos (y esas) que te cuentan un drama para sacar plata. Pero uno va siempre de buena fe, ¿verdad?, y uno cree sus historias porque uno está bien predispuesto y parte de que la gente amiga es precisamente eso, amiga, y no van a aprovecharse de eso para payasadas. Yo de partida siempre creo en la gente que conozco (o creo conocer). La mayoría de las veces las cosas son ciertas y el apoyo va de perillas y todos felices.

Pero la verdad es que a veces no es así. Y pueden ser muchas veces o mucha plata. ¿Cuatrocientos soles es mucha plata, por ejemplo? Según, porque no alcanza para comprar un auto pero sí alcanza para una buena bomba con la collera, con fotitos en Facebook y toda la parafernalia publicitaria para que la gente crea que el picador (o picadora) es feliz y se lo pasa súper bien.

Hace unos días, mejor dicho, hace diez meses, una chica muy simpática, quizá hasta bella, me pidió plata porque estaba embarazada, su chico se había borrado del mapa y para colmo el embarazo era (siempre según su versión) ectópico, es decir, se estaba desarrollando fuera del útero. Esto implica que definitivamente el bebé jamás iba a vivir y, más aún, si no se lo aborta la propia madre va a morir. Me pidió dos mil soles para hacerse la bajada pero, como comprenderán, soy generoso pero tampoco yo era el papá del nene, al menos, hasta donde yo recuerdo.

Siendo hijo ajeno y no una amiga tan íntima le expliqué que yo sí estaba preocupado por su situación pero no podía asumir toda esa cantidad, ni prestada ni donada. Le sugerí que busque a otros amigos suyos y entre todos junte esa cantidad; de esa forma su pedido final fue 400 soles.

Yo no sé, ni nunca sabré, si le sobran amigos para sus fotitos de Facebook (a donde jamás me ha invitado a aparecer) pero le falta gente cuando se trata de plata (ahí sí yo fui el primer convocado, honor que me hizo). El caso es que me buscó con gran insistencia para lograr el préstamo, el cual por cierto hice sin intereses, con la promesa de la devolución “a fin de mes”. ¿Qué mes? No lo sé, pero me lo pidió y entregué en febrero y ya se han cumplido once fines de mes y aquí sigo esperando a que me devuelva al menos un sol.

Entre tanto, abundan sus fotos en Facebook con tantos amigos (y yo sigo sin aparecer ahí) y siempre tan feliz que yo creo que su felicidad está íntimamente relacionada a mi cara de estúpido. Porque, eso sí, nadie vaya a creer que ella es una embustera, cabeceadora, timadora, ni nada por el estilo. Esta es la historia de Ronald, el gran tetudo de Mirones. ¿Será que el señuelo es que es tocaya de mi madre? Es que por la madre a uno le sacan la madre, además de la plata.

Si no me equivoco, de febrero a agosto hay seis meses, tiempo, creo yo, más que suficiente para al menos escribir y dar señales de vida. Mal. Tuve que ser yo, desde entonces, quien le escribiera una y otra vez para pedirle, suplicarle, implorarle, que muestre alguna voluntad práctica de pago. Qué va. Sí, que ahorita, que espérame unos días, que ya conseguí trabajo, que le pido a mi mamá, y bueno, ustedes ya saben, deben estar riéndose de mí mandíbula batiente, lo admito. Está empezando el 2017 y ya un nuevo febrero se acerca… o sea que ya podemos ir organizando la matinée del primer año del cabezazo. Qué lindo.

Bueno pero el tema de este post es el hartazgo, ¿verdad? Entonces, ¿dónde está el hartazgo aquí? Que ya me harté de esperar esa plata y renuncio a seguir creyendo que los judíos y los árabes algún día serán amigos. Me da pena porque esa plata pude regalársela a mi hijo y no a ella, pude hacer una donación a mi iglesia y no a ella, comprar un regalo para mi madre o mi esposa y no a ella, en fin, pude hacerme un terno o tiralos al water en vez de ser tan pánfilo.

Ojo, en todo esto jamás la agredí, jamás usé palabras subidas de tono ni sugerí una devolución en especie, como algunos audaces me recomendaban con insistencia proponer, no sé por qué. Tengo pruebas de todo lo que digo, tengo todos los diálogos, todititos, para quien quiera divertirse comiendo canchita.

Pero juro que jamás volveré a prestar ni donar a nadie, ni lo sueñen. O mejor sí, vengan cuando quieran porque ahorita me olvido y vuelvo a ser el mismo pavo de costumbre. Eso sí, usen otro cuento porque el de la bajada ahora ya me lo sé de memoria, entre otros.

Pero que conste que es solo un ejemplo, tengo muchos más, como aquel de un primo que conocí un día y en menos de dos semanas ya me estaba pidiendo prestados 50 soles. Un campeón. Preferí regalárselos y no verlo nunca más. Igual detesto el reggaetón. ¿Quieren más historias? Ya pues, dejen de lornearme.

jueves, 2 de junio de 2016

NUESTRO TRAUMA


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Ya desde el fin del gobierno de Alberto Fujimori la población se dividió en dos partes mayoritarias claramente definidas, de las cuales pocos hemos podido mantenernos al margen, y es muy simple:

Por una parte los fujimoristas, quienes solo ven virtudes y aciertos al gobierno de los 90. Cualquier delito, cualquier atrocidad, cualquier desvergüenza es atribuible a Vladimiro Montesinos, el verdadero engañador y mentiroso de toda una nación. Cualquier cosa que se evidencie responsabilidad en Alberto Fujimori será llamada error o responsabilidad exclusivamente política, jamás penal o de orden delictivo. Desde esa perspectiva, Alberto Fujimori está preso injustamente, víctima de la persecución de la vieja partidocracia y de la izquierda resentida por el desmantelamiento de todo rastro del modelo velasquista y de su propia base social en los sectores populares.

Por otra parte están los antifujimoristas, indignados por todos los casos flagrantes de corrupción y de criminalidad mafiosa en ese tiempo. Niegan que Alberto Fujimori tenga la más leve responsabilidad en cualquier cosa bien hecha en ese tiempo. Así, entienden que él no es responsable de la derrota del terrorismo, ni del fin de la hiperinflación y en general de la recuperación económica que el país inició en los 90. De hecho algunos de ellos hasta niegan que económicamente Perú haya mejorado y creen que está peor que cuando Alan García terminó su primer gobierno. De lo único que es plenamente responsable Fujimori es de crímenes, de ineptitud y de iniquidad política.


TOLERANCIA CERO

Cualquier atisbo de término medio es inmediatamente denunciado por los primeros de ingratitud, “comunismo”, “rojetes” y otras descalificaciones, hasta la más reciente: “El odio”. Como contraparte, los antifujimoristas acusan de fascista, vendepatria, corrupto, delincuente, antidemocrático, etc.

Mucha gente ha querido ser más serena y objetiva en su análisis, otorgando aciertos y errores (y también delitos despreciables) a Alberto Fujimori, pero en un ambiente siempre intimidante. A nadie le gusta vivir con estigmas encima, y estos intermedios han preferido ser discretos en relación a sus convicciones ante la manifiesta sobrerreacción de ambas vertientes.


EL TRAUMA

Explicaré mi punto de vista con una metáfora o ilustración práctica:

Suponga usted que sufre una tremenda pobreza con una familia a la cual mantener, tiene una hija pequeña que necesita lo más elemental, es decir, comida, ropa y vivienda. Usted no tiene ni para la comida de mañana, la ropa ya no le queda a su hija y la que usted mismo viste está vieja , desgastada y rotosa. Para colmo de males, no tiene vivienda propia y no le alcanza para pagar el alquiler del pequeño cuarto en el cual se amontona la familia. Quienes hemos pasado pobreza de ese tipo lo entendemos perfectamente, el estrés que esa situación causa es espantosa, no tanto por uno mismo sino por nuestros seres amados, por no poder asumir nuestra responsabilidad cabalmente. Hasta nuestra autoestima empieza a venirse abajo y nos preguntamos si servimos para algo, usted empieza a preguntarse si una vida así merece vivirse.

Ahora bien, usted se acuerda de que tiene un amigo de la infancia al cual felizmente le va bien, o al menos mucho mejor que a usted. Un día se encuentran y él le ofrece apoyarle en sus necesidades más urgentes. Hace unas llamadas y logra conseguirle un trabajito, muy humilde pero al menos tiene para sobrevivir a cada fin de mes. No sólo eso, su amigo nota que a pesar de eso su hija no puede educarse porque no le alcanza para un colegio privado y los nacionales son demasiado malos. Por lo tanto, le paga todos sus estudios en uno de los mejores colegios de la ciudad, además de todos los materiales, uniformes y cualquier necesidad logística que la niña necesite. Evidentemente, este amigo se está comportando no solo como un amigo sino como un salvador. Ha ido más allá de lo que cualquiera hubiera tenido la obligación de hacer.

Han pasado los años y la niña ya es toda una señorita y está siguiendo estudios de posgrado (también financiados por su amigo benefactor) y ya tiene un trabajo que le permite ver el futuro con optimismo realista. Usted solo puede sentir orgullo por su hija y gratitud y admiración por su amigo.

Sin embargo un día su hija le cuenta algo terrible: Desde hace años, mientras su amigo le ayudaba, la niña ha sufrido abusos por parte de su amigo. La ha obligado a tener intimidad desde antes de ser mujer y ahora ella está atormentada porque se trata de un secreto insoportable. Quizá al principio le parece tan increíble, tan imposible de aceptar, pero la evidencia de los relatos y de la franqueza de su hija son elocuentes: Ella fue abusada por el benefactor de forma sistemática al mismo tiempo que usted recibía toda esa ayuda. Como es de suponer, usted se llena de rabia e indignación y sale a buscar al traidor, al amigo que hizo tanto bien como mal.

Al encontrarlo él maneja la situación alegando que son debilidades humanas que cualquiera puede tener. Usted replica que no es una debilidad sino un delito monstruoso cometido no sólo una sino muchas veces. Finalmente le encaja esta declaración: “Si no te gusta lo que soy entonces repudia toda la ayuda que te di, maldito ingrato. Porque yo soy uno solo y así me aceptas o me repudias. Hoy tienes lo que tienes gracias a mí, hoy tu hija es lo que es gracias a mí, has comido y vestido a tu familia gracias a mí, vivirías en la calle como el vagabundo que eras cuando me buscaste. Repudia todo eso y devuélveme todo lo que te di, y que tu hija no ejerza los estudios que yo financié”. Y continúa: “No hay garantía en la vida. Mañana puedes necesitarme otra vez, mañana te olvidarás de los errores que cometí. Te pido perdón si ofendí a alguien por lo que hice (así, en condicional) pero puedo volverte a ayudar corrigiendo mis errores”.

Algunos pueden pensar que igual mataría al tipo, y yo no los culparía. Es un desgraciado. Pero le pido que razone como persona en la más absoluta necesidad material, para la cual no hay nada más importante que comer hoy. Usted que lee esto, ¿ha tenido hambre de verdad, hambre de pobre extremo? ¿realmente usted ha tenido que ver a sus hijos no tener qué comer, o repartirse un pan entre varios? ¿ha buscado trabajo de barrendero y se lo han rechazado a pesar de haber estudiado una carrera profesional? ¿ha querido ser mil oficios y aun así no daba para nada? Usted que se indigna, ¿ha vendido caramelos en micros o se ha resignado a ser vigilante con su título profesional en la mano? ¿ha hecho taxi luego de estudiar en la mejor universidad del país? ¿Ha llevado alguna vez a su familia a hospitales públicos como el Loayza o a una simple posta de provincia y sentir que eso es un verdadero infierno?

He visto personas soportar toda clase de vejámenes para llevar algo de comer a su casa. Es deprimente sentirse totalmente solo, inútil, miserable. No le deseo eso a nadie porque es lo más terrible, lo más humillante, tanto que algunos pierden de vista la diferencia entre vivir humillado por la pobreza o aceptar la humillación de saber que han tocado a un hijo impunemente. Me conmuevo al recordar cómo puede haber personas humilladas mentalmente que creen, por ejemplo, que mientras no haya penetración no hay verdadero abuso. Me saltan las lágrimas al recordar cómo algunas personas desmerecen el sufrimiento ajeno sólo porque pasó hace años.

La vida es mucho más difícil de decidir que lo que la mayoría de personas cree. Quienes pasan por encrucijadas éticas no siempre la pueden tener clara porque viven presas de un trauma. No se trata de angurrientos detrás de un “tapper” o una vasija de comida, o un kilo de arroz. Es gente que es víctima de un trauma, es víctima de alguien que ejerce control mental de ellos a través de su pobreza.

Las personas más instruidas se sienten frecuentemente por encima de los demás, tienen un aire de suficiencia moral que muchas veces los vuelve indolentes. Es una paradoja porque esas personas sí quieren lo mejor, están razonando limpiamente “amando la justicia y odiando la maldad”.

Porque sí, se trata de amar la justicia y odiar la maldad. Pero los traumas, muchas, muchísimas veces, no nos dejan reconocer ambas cosas. Nos implantan fobia, miedos irracionales que ninguna marcha multitudinaria o exhortación racional puede vencer. Nadie quiere el riesgo de volver a pasar tan insoportable sufrimiento, la más elemental necesidad, ya no solo de comida, ropa y vivienda, sino de dignidad.

¿Dignidad? Sí, porque el peso del trauma revela que hay dos dignidades en juego: La dignidad material y la dignidad moral. Solo quien ha sufrido la primera puede entender toda su magnitud y la monstruosa fuerza que puede tener ante toda ética y moral.


SUPERANDO TRAUMAS

Hace falta mucha fuerza y ayuda psicológicas para sobreponerse a nuestros traumas y fobias. En la ilustración yo igual denunciaría a mi benefactor y aprovecharía todo lo logrado porque en el argumento del delincuente hay una enorme falacia: El mérito, en última instancia, es del hombre y de su familia, de su hija. Porque ningún dinero produce prosperidad si no se le trabaja. Allí está el verdadero mérito entonces: Tomar una oportunidad y jamás desaprovecharla, no importa quién la de ni qué sepamos después. Y lo llevaría a los tribunales a que pague por sus delitos, lo pondría en evidencia y que todos sepan de quién realmente se trata aunque en el camino mi hija pueda quedar expuesta. Porque todo es preferible antes que dejar a un delincuente en libertad de buscar nuevas víctimas.

Creo que la prosperidad que cada persona ha logrado es mérito de esa persona, no de ningún presidente. ¿Gratitud a Fujimori? No. Pero tampoco dejaría de darle mérito por lo evidentes aciertos que yo entiendo que ocurrieron. Solo tratemos de imaginar a Alan García en 1990 siguiendo en la presidencia y sus mismas barbaridades hasta el año 2000. ¿Eso es gratitud entonces? Otra vez, no. Eso se llama RECONOCIMIENTO.

Alberto Fujimori no merece ni más ni menos que eso: Reconocimiento y exposición pública como lección, la única forma de superar nuestro trauma nacional, ya por más de veinte años. Y nunca más votar por él ni por quienes niegan o restan importancia a los abusos y delitos de su gobierno.


Fujimori es el retrato de una paradoja: Fue un excelente gobernante y también un vulgar delincuente. Es imposible tener a uno sin tener al otro. ¿Bebería usted un vaso con agua potable a la cual le añadieron un gota de veneno?

miércoles, 20 de enero de 2016

¡VOTO-BOT!




Me llama atención cuántas personas en Internet piden al candidato presidencial Julio Guzmán ir a provincias para que le conozcan (y para que él conozca la realidad in situ), que el Perú no es sólo Lima. Los pedidos y exigencias vienen de seguidores de todo el país, del norte, del centro, del sur, de costa, sierra y selva. Poblaciones tan distantes unas de otras como Piura, Arequipa, Huánuco, Iquitos, y pueblos intermedios. Lo piden con toda sinceridad, no por molestar. Y estoy seguro que todos los candidatos quisieran cumplir ese deseo pero ¿alguien ha calculado cuánto cuesta eso?

Es decir, no ir sólo a tal o cual ciudad sino a TODAS las ciudades y pueblos del país, más de una vez, uno tras otro, no sólo él sino también un mínimo de personas de apoyo, ir a donde poca gente lo conoce, o sea que no necesariamente va a encontrar hospedaje ni alimentos gratuitos. ¡Es un dineral! ¿De dónde va a salir esa plata?

Es cierto que todos quisiéramos tener al candidato en nuestra plaza local, pero si los que piden los viajes no acompañan sus pedidos con dinero no tengo idea cómo se puede hacer honestamente. No quieren que haya empresarios que lo solventen, tampoco gusta que su esposa lo mantenga, no es empresario ni vive de sus rentas, y no puede tener su chamba porque está metido de cabeza en la campaña las 24 horas del día. ¿Qué quieren que haga, magia? (Por cierto, ¿de qué viven los candidatos presidenciales, algunos por largos años sin trabajo conocido?)

Meterse en política con éxito mediano definitivamente implica que uno será objeto de toda clase de inmundicias por parte de aquellos que quieren preservar el statu quo, o ataques de quienes fracasan y tienen celos del éxito ajeno, los expertos en ver defectos en los demás. O pescarán cualquier error o incosistencia, por pequeña o insignificante que sea, y harán que parezca inmensa y aterradora, olvidando que sus amigotes tienen de esas y peores, mucho peores.

Me pongo en ese lugar y la verdad es que es tranca, muy difícil hacer giras sin estirar la mano. Yo haría puro trabajo por Internet con videoclips, teleconferencias, reuniones de chat, correos electrónicos, todo desde casa, más o menos como "Yo soy Germán", pero versión local y menos payasa. No iría personalmente ni a Lima ni a provincias para que nadie diga que hay preferencia. Además en la tele, radio y diarios le meten interrupciones, ediciones, y tacles por todas partes. Rara vez un candidato "pequeño" o emergente puede explicar calmadamente sus propuestas, si no, que lo diga Verónica Mendoza luego del maltrato que recibió en "Cuarto Poder" por parte de Sol Carreño, distinto cuando se trata de un grande como AGP para quien la supuesta periodista se dio tiempo de bailecito en tiempo pretéritos.


¡Ahora que lo pienso bien, creo que eso haré cuando quiera ser alcalde, congresista o presidente, todo virtual, solo por Internet, y hasta algunos creerán que realmente no existo, seré el candidato-bot! Total, ¿realmente para qué me quieren ver la cara?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

STAR WARS Y LA CIVILIZACIÓN DECADENTE

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A veces pienso que las nuevas generaciones realmente pueden ser mejores (no superiores) a sus antecesoras. Creo eso en cuestiones de derechos civiles, por ejemplo. Me alegra cuando uno de mis sobrinos, mi hijo, alguno de sus amigos, mis alumnos o cualquier otros joven percibe con claridad cuál es el rumbo correcto en los valores respecto al racismo, la homofobia, las minorías religiosas, el maltrato a niños o animales, etc.

Cuando uno de esos jóvenes alerta y dice: “Oye, cuidado, eso es racista”, o “Me parece que ellos tienen todo el derecho…” o similares, me siento bien, aun cuando ellos me corrijan, porque ese hecho demuestra que ellos pueden ser mejores que nosotros, tan esclavizados a prejuicios de tiempos pasados.


LOS OTROS

Sin embargo, a la vez, hay jóvenes, muchísimos, seguramente la inmensa mayoría, que demuestran que están completamente muertos de espíritu. Seguramente sería demasiado abundar en las causas.

La televisión basura (que es casi toda la televisión abierta), el cine veloz, vacío e irreflexivo, la música y monólogos degradantes de las radios, los diarios cada vez más dedicados a promover y publicar estupideces, la educación escolar que –en vez de ayudar arruina cualquier posibilidad de tener gente con brújula y análisis crítico de la realidad que vive. Y así, un concierto de verdaderas patrañas para embrutecer a nuestra sociedad y volverla adicta a la basura de los medios, rica, dulcete, con sabores intensos, crocantes, burbujeantes, tan atractivos como venenosos.


BASURA Y CHATARRA FUERA DE CONTROL

Los cigarrillos de tabaco, los licores y las películas pornográficas suelen tener una advertencia en cuanto a su consumo y están prohibidos a menores de edad. Esto no ocurre con la Coca-Cola y otras gaseosas, ni con los pollos de KFC, McDonald's  ni con las hamburguesas de ninguna esquina, ni con los caramelos, los jugos envasados como Frugos, las gomitas, los chicles, los chocolates… y, sin embargo, producen tanto daño y adicción como el tabaco, el alcohol y el porno. A todo esto llamamos “Comida chatarra”.

Por tal adicción encontramos personas que fuman tabaco, otras drogas y se emborrachan a pesar de que saben que eso les puede costar la vida; ven permanentemente porno pese a que tal insistencia los puede convertir en misóginos; consumen pollo broaster o a la brasa, salchipapas, chorizos, etc, con toda clase de cremas, todas ríquísimas, muy adictivas y muy dañinas aun cuando ya se sabe todo el daño que causan.

A las personas que han caído presas de alguna de estas adicciones se les hace extraordinariamente difícil abandonarla, y es que precisamente por tratarse de un gusto irracional no se logra que la exhortación y la persuasión cumplan su cometido. Conozco algunas de estas personas que sienten asco por el agua pura. Sí, asco por el bien más natural y preciado para un ser vivo.

Volviendo a los medios, todos bien llamados como “basura”, ellos también están trabajando como la comida chatarra, creando adictos desde niños, inoculando una droga de la cual luego es muy difícil desprenderse, aun cuando la persona llegue a darse cuenta de que este consumo le hace daño. No logran dejar de ver, escuchar y leer toda esa suciedad mediática. Llega el punto en que consumir programas o contenidos sanos les aburre y hastía. Simplemente no soportan lo sano y culto, tal como los que sienten asco por el agua.


CULTURA BASURA

Así como este proceso de adicción alimentaria se repite igualmente en los medios basura, los cuales no solo crean programas basura sino que los potencian, promueven, publicitan, defienden y atacan en su favor, también conducen a lo que ya podemos llamar “Cultura Basura”, es decir, verdaderos estilos de vida, cosmovisión, pensamiento alrededor de esta inmundicia intelectual y espiritual. Esta Cultura Basura hace de las personas no solo esclavos mentales sino seres completamente ruines, egoístas, mezquinos, violentos, vulgares, estúpidos, irrespetuosos a cualquier forma de autoridad, superficiales, nihilistas, narcisistas, mentirosos, negligentes en sus obligaciones, inútiles a cualquier buena causa, etcétera.

¿No existía esto antes también, en generaciones anteriores? Claro que sí, pero esos antivalores eran censurados; hoy son aplaudidos.


EL COLMO, LA EVIDENCIA

Después de mucho tiempo estoy volviendo a escribir en La Sala de Ensayo y ahora decidí conversar con ustedes de esto, principalmente luego de ver el siguiente vídeo colgado en Facebook.

En este vídeo pueden ver a una persona discapacitada, el actual congresista Gian Carlo Vacchelli haciendo un baile en una muestra de buen humor, sin embargo, el editor del vídeo ha quitado el audio original y ha colocado en su lugar el típico sonido de R2D2, uno de los personajes más populares de Star Wars, con la clara intención de hacer sorna de su apariencia física.


La reacción en este enlace es que casi todas las personas festejan esta humillación, se burlan e insultan a Vaccheli. Algunas de ellas justifican sus burlas e insultos en dos cosas que no deberían ser más importantes que el respeto a los discapacitados: Vacchelli es fujimorista y una vez se quedó dormido en el hemiciclo del Congreso.


Ser fujimorista, para algunos, es como un delito o es equivalente a pertenecer a una organización criminal o naturalmente mafiosa, pese a que nada ha determinado legalmente esa condición. Es cierto que Alberto Fujimori está preso con toda justicia por delitos cometidos durante sus dos gobiernos, pero eso no convierte a su partido en organización criminal. Es como si el escándalo Watergate hubiera implicado considerar al Partido Republicano un paria político o una mafia. Nixon fue castigado y el partido siguió adelante, y a ningún demócrata se le ocurre invocar este caso para descalificar e insultar a los simpatizantes o votantes republicanos. Siendo Perú un país libre que ha soportado muchas épocas de tiranía (tanto desde el Estado como fuera de él), sorprende que haya tanta intolerancia y tanta violencia hacia quienes profesan una creencia o una convicción. Parece que aún no se ha aprendido la lección, es decir, el valor de la libertad de todos, no solo la de unos cuantos.

Por otra parte, dormirse en el Congreso, efectivamente, le ha ocurrido al menos una vez a Vacchelli. Probablemente esto sea inoportuno en un político, los cuales ya de antemano son personas vistas como mentirosos, aprovechadores y ladrones, pese a que no llegan a ese puesto solos sino por los votos de quienes precisamente los critican desde el mismo día de su elección, si no es que desde antes. 

Poca capacidad autocrítica tienen quienes seguramente se creen que jamás han cabeceado en su centro laboral. Seguramente quienes le llaman ladrón por dormirse en el Congreso siempre van lúcidos a trabajar o estudiar, de principio a fin, sin perder ni medio segundo en conversar eventualmente alguna trivialidad con un compañero de trabajo o de estudios, o tener una llamada telefónica ajena al trabajo. Seguramente el Perú es un país de gente que no le saca la vuelta al trabajo ni pestañea siquiera en horas laborales ni hace trampa en los exámenes.

A estas alturas no sorprende que haya personas ciertamente mezquinas que exigen a otros lo que ellas mismas no hacen, no sorprende porque la hipocresía popular no es reciente ni de invento peruano. Perú realmente no es inventor de nada positivo ni negativo en el mundo. Perú, valgan dolorosas verdades, es un país más entre más de dos centenares en el orbe. Eso sí, acoge muy bien vicios milenarios, como la mezquindad, la hipocresía, la falsedad, la burla y el maltrato a los vulnerables.

Pero este nivel de salvajismo simplemente no me cabe, no me lo logro explicar tratándose de gente joven que a la vez defiende derechos civiles y de animales. Sin duda no han de ser los mismos jóvenes, ojalá que no. Por favor, no dejen de leer los comentarios.

Den click aquí:

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lunes, 4 de agosto de 2014

Las sonrisas que no tienen precio

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Estimados lectores de La Sala de Ensayo, tengo que darles dos importantes noticias personales. Se las doy un poco tarde, sé que podría haberlo hecho antes, pero igual creo que no puedo escribir un artículo más sin antes hacer esto. Como muchos de ustedes saben yo renuncié a los testigos de Jehová hace bastantes años. Sin más preámbulos les comunico que desde el 1 de mayo de este año 2014 he vuelto a serlo. No solo eso, la segunda noticia –no menos importante para mí- es que luego de un año de separación he restaurado mi relación con mi esposa Ruth y vivimos otra vez todos juntos como familia.

Es evidente que tengo que explicar qué ha pasado aquí, sobre todo en cuanto a mi retorno a los testigos de Jehová, siendo que cuando me he referido a ellos aquí varias veces he sido crítico de ellos.

Se los voy a decir tal como se lo he dicho a cada persona que me lo ha preguntado: Tarde o temprano nos enfrentamos a la disyuntiva ética de decidir nuestro rumbo existencial. Esta disyuntiva, en determinadas circunstancias puede tener elementos de juicio no sólo individuales sino que puede involucrar a otras personas.

En mi caso, yo había renunciado hacía más de ocho años a los testigos de Jehová principalmente porque me sentía asfixiado ante la imposibilidad de siquiera comentar privadamente algunas desavenencias personales respecto a ciertos usos, costumbres, doctrinas y disposiciones de dicha organización. Mi fastidio no era causado tanto por las controversias propiamente dichas sino por la imposibilidad de expresarlas. Soy un amante de la libertad, especialmente de las libertades individuales, no solo las mías sino las de todos los demás.


LA CARTA

Para no ser reiterativo ni parecer que a unos doy una explicación y a otros otra, he preferido transcribir íntegramente el texto de la carta que presenté a los ancianos de la congregación a efectos de que me permitan volver a ser testigo de Jehová. Quiero ser transparente con todo el mundo, y en esta ocasión muy particularmente con los seguidores de La Sala de Ensayo. El texto es el siguiente:


Estimados ancianos de la Congregación Naciones:

Como ustedes saben, en diciembre de 2005 decidí renunciar a la congregación por razones que no expuse en ese momento, pero que luego he informado a algunos de ustedes.

Aunque es normal y aceptable que un siervo de Dios a veces no entienda o hasta no comparta alguna de las luces que iluminan el camino de su pueblo, siempre decide mantenerse al lado de la congregación en un espíritu de fe y confianza en que Jehová, de un modo u otro, sabe dirigir los asuntos hacia un final brillante y apropiado.

Esta confianza en los hombres de mayor edad de la congregación mundial se traduce en una actitud discreta y paciente ante la situación antes expuesta. Dicha actitud revela madurez y amor hacia sus consiervos, hacia Jehová y hacia sí mismo, de modo que prevalezca un ambiente positivo y pacífico en la congregación. Tal ambiente amoroso prioriza y produce unidad, no el debate estéril y conflictivo.

Sin embargo, en una muestra tanto de impaciencia como de soberbia, decidí que no debería soportar el mantener reservadas dichas dudas u objeciones. Realmente lo importante para mí no eran las objeciones en sí mismas, sino el no poder compartirlas con nadie. Esto fue lo que en visita posterior de los ancianos llamé “una libertad a la cubana”, queriendo decir que en la congregación, a la manera política de Cuba, solo hay libertad para aplaudir, no para opinar constructivamente ni para expresar otros puntos de vista.

Creo que dicha comparación ha sido totalmente cruel, pues la intención y la atmósfera que se respira en la congregación no es el de una dictadura criminal, sino el de exhortación protectora, la cual puede ser criticada por algunos, pero de ninguna manera puede ser denostada como si fuera impulsada por la maldad o la corrupción.

Hoy me resulta definitivamente claro que por tan poca cosa uno no puede abandonar a la congregación ni a Jehová y a Cristo porque eso finalmente es autodestructivo. Es muy conocida la ilustración de los carbones que se mantienen calientes solo si están juntos y cómo poco a poco, quienes se apartan terminan totalmente fríos y desechados. Pese a conocer dicha ilustración y las permanentes advertencias de la Palabra de Dios respecto a estos asuntos, he sido lo bastante petulante para creer que yo solo podría ser de utilidad a Jehová, sin necesidad de congregarme con nadie.

Efectivamente, no he sido de utilidad a Cristo y Jehová para la salvación de más almas en favor de su Reino. Ni les he alabado ni les he servido de forma práctica. Todo no ha pasado de mera palabrería que tarde o temprano me degradó hasta convertirme en alguien que antes hubiera repudiado, no solo por el daño que me he hice a mí mismo sino principalmente por el enorme dolor que he infligido a quienes me rodean, mi hijo Claudio y su madre Ruth, quienes pese a ello mantuvieron siempre una posición firme en favor de la verdad. Ni ellos ni nadie merecen pasar por las faltas de respeto y humillaciones que en su momento soportaron tan amorosa e indulgentemente. Creo que jamás podré pedirles perdón lo suficiente para resarcirles tal injusticia. Es sobre todo dicho amor que mostraron en estos ocho años lo que ahora me hace sentir sinceramente arrepentido de mi actuación egoísta.

De qué poco valor es esa supuesta “libertad de opinar” si a cambio se destruye todo lo que uno ama y se hiere a quienes solo mostraron amor inquebrantable, incluyendo, por supuesto, al propio Padre Jehová y a nuestro salvador Jesucristo.

Tras algunos meses de haber decidido pensar seriamente en estos asuntos, ahora les pido que me permitan el retorno al pueblo de Dios para servir a él de una forma en que no he logrado hacerlo antes, difundiendo su palabra y poniendo a su disposición mi experiencia personal y cualquier cosa que de mí se requiera.

Atentamente,

Ronald Castillo Vásquez.



Pues bien, esto es lo que ha pasado. Tras presentar esta carta a mediados de abril me reuní con los ancianos el domingo 27 de ese mes y felizmente fue aceptada mi solicitud, de modo que el jueves 1 de mayo fue anunciado mi restablecimiento ante toda la congregación. Algunas semanas después también reinicié mi matrimonio con la madre de mi hijo, con quien ya tenía un ambiente de franca paz, muy amistosa, que se convirtió en una enorme expectativa de su parte cuando supo que volví a ser su compañero de fe. Sin ánimo vanidoso debo reconocer que ella me cortejó hasta vencer mi resistencia y temor a un nuevo fracaso.


AGRADECIENDO

Doy íntimas gracias al Padre Jehová y a su Hijo Jesucristo porque todas las experiencias que tuve me permitieron dar un golpe de timón en mi vida. No soy el mismo chiquillo iluso, inmaduro y antisocial que buscaba escapar de una vida que entendía hostil, que se bautizó a los veinte años de edad y se casó virgen a los veinticuatro. Hoy me considero más preparado para dar importancia a lo importante y pasar por alto lo que, aun teniendo su propia importancia, debe considerarse subordinado a lo prioritario. Hoy mi cristianismo no es acto de amarga o histérica protesta sino de paz y alegría.

¿Ambas decisiones han sido un sacrificio y un esfuerzo para mí?  ¡Por supuesto que sí, no es nada fácil!  Pero justamente las decisiones más serias de nuestras vidas no pueden tomarse simplemente buscando autocomplacernos. Uno tiene que tomar decisiones buscando hacer lo correcto, no hacer lo meramente placentero y cómodo. 

En efecto, ya tenía al alcance un justo y razonable acuerdo económico con Ruth para nuestro divorcio, mi hijo Claudio estaba básicamente resignado a dicha ruptura, nadie me pedía ni exigía volver a la iglesia, de hecho, no iba casi nunca y el resto de mis familiares se sentían aliviados de que dejé esta organización y sus costumbres. Como si fuera poco, en mi vida personal no faltó quien me amó, no faltó quienes me ofrecieron la oportunidad de reiniciar mi vida a su lado.


UNA CONTROVERSIA ÉTICA

No es que tenga un ánimo autorrepresor o masoquista de buscar problemas o de contradecir gratuitamente a los demás. Nada está más lejos de la verdad de mi decisión. Gradualmente me di cuenta de que  tenía que pensar en mi legado a mi familia, a quienes me aman y me respetan. Conozco otros que no han tenido mayor problema en abandonar a su esposa e hijos y se van con mujeres más bellas y jóvenes, mujeres que serían la envidia de cualquier varón. A mí no me liga ser tan indolente con los demás, especialmente con mi hijo.

En mi caso tengo que pedir perdón a quien se ilusionó conmigo porque no es justo ni correcto crear falsas expectativas en los demás. Aunque vi a alguien brevemente apenas me separé, durante el año que estuve separado decidí no salir con nadie, y así fue. De haber estado saliendo con diferentes personas a lo largo de varios años de pronto encontré que me sentía bien estar solo. Irónicamente toda la libertad de mi separación no la aproveché para andar por ahí complaciéndome con amigos o amigas -como ya lo había hecho antes durante buen tiempo- sino para pensar. No me obligué a que esto fuese así, simplemente no tuve ganas de ver a nadie. Pensar y escribir. Ocuparme apenas de trabajar y atender mis necesidades personales. Y, otra vez, pensar y escribir.


EL EJEMPLO DE UN PATRIARCA

Entonces decidí hacer lo correcto. Uno no puede vivir engañando a los demás para pasarlo bien. Y sí, lo pasé muy bien durante ocho años, no lo voy a negar. Hice excelentes amigos y amigas. Basta de hipocresías. Las mejores amigas que tengo son aquellas con las que tuve algún flirt o me acosté. Basta de fingir sufrimiento mientras uno se está levantando a las mujeres que todos quieren. No voy a decir, como en testimonio religioso barato, que sufrí, que me sentí vacío y sucio. No, yo sí me divertí mucho mientras lo hice.

Como narra la Biblia en el caso de Moisés, yo “disfruté temporalmente del pecado”. Pero precisamente siguiendo el ejemplo del patriarca, luego uno entiende que es preferible sufrir por hacer lo correcto que vivir en la indolencia de disfrutar mientras otros sufren. Esto lo entendió Moisés, pero a mí me costó un año entero entenderlo. Y al entender lo que hice sí sufrí, solo entonces fui capaz de sentir lo que ellos sienten, llegué a sufrir su sufrimiento. En esas circunstancias escribí mis posts titulados “Diálogos infelices”. ¡Cuánto lamento no haber sabido amar a mi esposa, a mi hijo, a mi Dios y a mi Señor!

Luego de esos posts me llovieron mensajes internos de ánimo y consejo, la mayoría de los cuales apuntaban a acudir a un psicólogo, consejo que acepté y que también fue muy efectivo y esclarecedor. Estuardo, mi psicólogo, tiene el brutamente efectivo don de hacer las preguntas precisas en el momento preciso, sin escapatoria posible. A él también le agradezco por ayudarme a mirarme al espejo.

Finalmente no quiero dejar de agradecer a un amigo a quien quiero como un hermano, una voz amiga que me aconsejó con verdadera franqueza y desinterés. Él, siendo mormón, me dio un consejo que jamás olvidaré cuando no sabía qué decisión tomar respecto a elegir a mi familia o a mi vida personal. Sus palabras fueron más o menos así:

Ronald, no te voy a invitar a mi iglesia: Te invito a TU IGLESIA. Para nosotros los mormones no hay nada más importante que la familia, los lazos entre padres e hijos. Si por tu hijo tienes que cortarte un brazo entonces córtatelo. Si por tu hijo tienes que volver a tu dios entonces vuelve a él. Si por tu hijo tienes que ir allí donde no crees nada entonces ve y empieza a creer. Y verás que poco a poco esa dura decisión te devolverá la paz y sabrás que no ha sido un esfuerzo inútil ni infeliz. Será una decisión que te hará feliz porque no hay nada más feliz que tener una familia unida que sirve junta a su dios.”

Creo que allí empezó seriamente la reflexión que finalmente me llevó a la decisión de volver a Jehová con un ánimo completamente sumiso a Cristo, como cuando el hijo pródigo tuvo que envidiar la comida de los cerdos para recién reaccionar y admitir que se había equivocado. ¿Cómo se llama mi amigo? Prefiero no decirlo, no vaya a ser que no invitarme a su iglesia le traiga problemas. Además él es tan chévere que seguramente prefiere el anonimato. Es un tipazo.

Y ahora sí, a escribir. Por si acaso, La Sala de Ensayo sigue sin ser un blog religioso. Y también por si acaso, aquí aun se respira libertad.